23.8.10

Fiera del Libro

Este año si fui a la feria del libro. Pero es que tenía invitación al lanzamiento de una novela, que leeré cuando algún amigo generoso me la preste. Porque hay que ser generoso para gastar $36.000 en una ópera prima, en especial en esta época del mes. Luego del lanzamiento, animada por el súbito entusiasmo que hizo brotar en mí la copa de vino posterior a los inteligentes y casi divertidos discursos de los escritores invitados a presentar el libro, me lancé, yo también, a ver qué ofrecían en la feria.

El efecto del vino duró muy poco, pues una especie de antropofobia me abrazó al primer intento de sortear los grupos de familias, grupos de amigos, en fin, grupos de humanos que rodeaban las mesas en corrillos que impedían acercarse a ver nada. ¿Por qué van en grupo a la feria? No entiendo. ¿Acaso leen juntos? o será que el lector de ahora necesita de un empujón amistoso para atreverse a adquirir un libro que, aún con el descuento de la feria sigue siendo carísimo? o es tan grande la oferta que es mejor ir acompañado, no sea que le falle a uno la puntería y termine comprando algo malo sin saber?

Pero no. Uno siempre sabe. O intuye. Es una sabiduría de años de entrenamiento consumista. Si se desconoce al autor, uno podría fiarse de las editoriales; las famosas (carísimas) casi nunca fallan, al menos en términos de moda. Leer las reseñas es una buena manera de empezar a ver qué clase de libro es. Leer la primera línea puede ser decisivo. Luego está el precio, indicador de la moda. Y así. Uno siempre sabe. Y cuando no sabe, se basa en el diseño de la carátula, o la conjunción carátula+precio, precio+prestigio, prestigio+carátula, etc. Y pues todo depende de lo que uno busque, no? no falta el que busca la fórmula carátula+moda y se llena de libros bonitos que garantizan lucir estupendos en su casa. Yo sé, soy una resentida. Cuando se trata de los libros y sus precios siempre lo soy.

Entonces, fiel a mi gusto por las librerías y a mi aversión por la feria, donde no compré nada, esta mañana entré a una librería y logré conseguir un carátula+precio que me hizo muy feliz, de poder sacarme la espina postferial, por un lado, y por el otro, porque el libro es una auténtica delicia.


Se trata de la traducción del texto "Against Joie de Vivre" del escritor Brooklynense Philip Lopate, bella y baratamente editada por unos mexicanos llamados Tumbona ediciones, un coqueto proyecto editorial auspiciado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México, y parte de la Colección Versus, que se presenta así: "En una época de descontentos monumentales, de desavenencias privadas y cuentas pendientes con el mundo, sorprende que la exposición de los agravios permanezca en la sombra, inédita. Aún más cuando la literatura como arte de la queja posee una historia que se remonta hasta la antigüedad. Este hueco exige ser restituido con una dosis necesaria de bilis. VERSUS se propone reivindicar las pequeñas discrepancias y las opiniones insalvables que sacan de quicio, describen nuestras manías y terminan por caracterizar nuestra personalidad".

Me gusta este proyecto, como que legitima la queja en el papel impreso. Viene una idea floja: algunos árboles caen en el bosque y son escuchados porque alguien que se pone a la tarea de poner el hecho en celulosa. Esta especie de conclusión a la ya larguísima entrada, sugiere otro tema que en algún momento tocaré: el horror ecológico que se siente en stands como el de panamericana: ¿cuántos árboles cayeron acá y nadie los escuchará? la pregunta tiene al menos dos sentidos, por eso mejor cierro acá y regreso a trabajar.

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